Hasta hace unos días
no tenía el gusto de conocer a esta agrupación, pero desde que escuché los
primeros acordes me di cuenta de su onírico trazo artesanal y la delicadeza con
la que enfrentan el vacío sonoro. En momentos, no es necesaria la complejidad
para demostrar lo profundo de un mensaje, basta la armonía como canal y el
talento musical como instrumento.
Mäbu es un proyecto español
nacido en Bilbao pero madrileño por adopción que hace ruido desde hace 8 años. María Blanco Uranga, la
vocalista, fundadora y compositora del grupo, es el origen peculiar de la
nomenclatura, con las primeras letras de su nombre y apellidos. Txarlie Solano en el bajo y los
teclados, además de César Uña en las
percusiones, completan la alineación de Mäbu.
María tiene sangre
musical en sus venas, ya que es hija de Sergio Blanco (qepd) y Estíbaliz Uranga, quienes
acompañaron momentos armónicos importantes de la historia sonora iberoamericana
en el grupo Mocedades. Sin embargo, María ha labrado su propia historia
desde lo indie, y con ese poder
dramático hecho canción como herramienta.
Su propuesta
peculiar está invadida por intensidad vocal, paseos rítmicos con cadencia y
belleza interior. Hay un abanico de opciones dentro de su repertorio, existen
momentos de calma y vals, sin embargo, habita la estridencia en algunos temas.
Dos canciones en
especial llamaron poderosamente mi atención. Quédate a dormir, por su ternura y
sencillez, además por el sentimiento de nostalgia que genera, sutiles
percusiones que resultan hipnóticas en el universo creado para decir que “la mitad del tiempo que tengo, lo dedico a
pensar en ti”. Paralelo es una rara pieza
de espera con tintes de resignación, la voz delicada de Alex Ferreira enriquece el
entorno armónico que tiene un broche de oro con la secuencia de cuerdas que
transportan.
Ya les había escuchado hace algún tiempo, en una
interpretación con la agrupación española Marlango de la canción Ay pena, penita, pena que hiciera famosa Lola Flores “La Faraona”, sin embargo, no profundicé tanto en su repertorio. Más
tarde, en una noche de búsqueda musical, aparecieron de nuevo en mis oídos con
una versión muy peculiar de Tainted love de Ed Cobb del grupo The four preps, pero que hiciera famosa Gloria Jones por allá de 1964.
Fue precisamente después de su presentación en
la FIMPRO cuando los comencé a seguir con mayor detalle. Varias
cosas captaron poderosamente mi atención, la primera fue la voz portentosa de Marisol Hernández La
Marisoul, que es una combinación de
fortaleza latinoamericana y un sutil matiz de soul, como voz de mujer de color. La instrumentación es
definitivamente la respuesta a la mixtura californiana del choque de dos
culturas, que lejos de negarse una de otra, se fundieron en una amalgama con
tintes contestatarios y de nostalgia por una realidad en otro país, que ya es
suyo, pero sin perder de vista el conflicto más cantado del ser humano, el del
corazón.
Este cuarteto nacido en las entrañas de Los Ángeles, California, igual nos
deleita con una ranchera de acordeón y tequila en mano, como con una cumbia de
molcajete o una bossa chicana, pero siempre respetando esa coherencia armónica
mexicoamericana que les ha formado una identidad en la música.
No es casualidad que hayan llamado la atención
de músicos importantes que han decidido participar en su proyecto. Elvis Costello no pudo más que sucumbir a la seducción musical de La Santa Cecilia, y así el compositor británico grabó Losing game en el disco Treinta Días que vio luz en el 2013. También Enrique Bunbury grabó en su último disco la canción de que hiciera
famosa Ramón Ayala y sus Bravos del Norte, hablo de Tragos de amargo licor que está inserta en nuestro subconsciente cancionero
junto a dos caballitos de mezcal y barbacoa.
Pero la canción que merece este artículo es Vámonos que grabaron a lado de Fito Páez para su reciente material discográfico titulado Buenaventura. Mi emoción primaria fue asociar el título con la
compuesta por nuestro José Alfredo Jiménez, sin embargo la decepción no tuvo lugar, ya que el
dueto fue agradable y transcurrió con un guiño de complicidad, ya que Fito interpreta una frase de su canción Yo vengo a ofrecer mi
corazón. Es curioso escuchar a
este argentino, precedido de un acordeón, ya avanzado el tema podemos escuchar
ese equilibrio de guitarras eléctricas y percusiones, sin perder su base
armónica angelina. La letra dibuja un apresuramiento por disfrutar las
dulcísimas mieles que ofrece un enamoramiento ocular.
La vida de Gregory Porter
no ha sido fácil. Perder una beca universitaria atlética en los Estados Unidos
a causa de una lesión, no es un trago fácil de digerir. Es mucho dinero el que
se invierte en la educación en aquél país, y Gregory jugaba futbol americano en Los Aztecas de la Universidad Estatal de San Diego, pero una lesión en el hombro, lo hace cambiar
de dirección.
Su álbum Liquid Spirit,
ganó el Grammy en la
categoría de Mejor Álbum Vocal de Jazz en el 2014, y desde ese momento, ha
comenzado a generar expectativa y crítica positiva. Pero es el año 2015, en el
que captó la atención masiva con su aparición en el disco Caracal del
dueto británico Disclosure.
Holding on
es una canción que conocí en la versión sintetizada de los hermanos Lawrence, siendo el tercer sencillo de esa producción mágica llamada Caracal, en
la que se dieron participaciones importantes, como Sam Smith, The Weeknd y
Kwabs. Sin
duda, un disco que se recordará en los años posteriores por colaboraciones de
una finura y amalgama audible.
Recientemente, di con la versión
Porter de esta canción. Una
interesante reducción a la velocidad del tema, instrumentos de jazz y la
cadencia vocal de Gregory, hacen de Holding on
acústica, una verdadera maravilla. No estoy diciendo que la interpretación Disclosure no sea exquisita, sin embargo, considero que
el nivel de apreciación en la versión Porter,
es más clara.
La autoría de esta canción es
compartida, ya que Gregory Porter aparece en la lista, pero también lo hermanos
Guy y Howard Lawrence forman parte de
ella. Un participante más integra la composición del tema, James Napier,
mejor conocido en el ambiente artístico como Jimmy Napes,
quien es autor frecuente de canciones para Sam
Smith y Disclosure, entre otros.
Actualmente Gregory Porter se encuentra promocionando su más reciente disco,
que vio luz el 22 de Abril. El título es Take me to te Alley, y definitivamente hay que ponerle atención a esta voz que pregona
jazz.
Cuando pensamos en una película de coproducción
argentina – española, podríamos imaginar muchos nombres de actores. Sin
embargo, el director catalán Cesc Gay, atinó en elegir dos de los mejores intérpretes de
esos países.
Por un lado tenemos a Ricardo Darín, quién recientemente participó en la multipremiada
película Relatos Salvajes de Damián Szifron, y quién también, nos fue llevando de la mano en una
aventura policiaca acompañada del amor maduro en El secreto de tus ojos, y una larga lista que rebasa las cuarenta películas
desde 1972.
Del otro lado del océano, un camaleón ibérico, que
igual nos puede hacer carcajearnos hasta doblarnos torácicamente (Amantes pasajeros), quedarnos con la
boca en forma de circulo de la impresión (Hable con ella), o ponernos serios ante su impenetrabilidad (Lucía
y el sexo). Hablamos de Javier
Cámara, un consentido del
cine español quién ha logrado más de una treintena de papeles y dos Premios Goya hasta el momento, como protagónico y como reparto.
El filme nos logra arrancar sensibilidades a lo largo
de los 108 minutos de duración, manteniendo una expectativa constante a pesar
de su ritmo lento. La narrativa nos lleva por cuatro días en la vida de
nuestros personajes, sin embargo, nada queda flotando, parece que la claridad
en la película nos es un obsequio prematuro y bien valorado.
Es posible plantear situaciones cómicas en temáticas
tan dramáticas, al menos es una lectura personal del espíritu que el director
quiso lograr con la historia. Parece que Cesc
Gay ha logrado dominar esta ambigüedad genérica, ya que en Una
pistola en cada mano,
logra mezclar la comedia con el drama. Cabe destacar que, en ambas producciones
repite reparto con Javier Cámara y Ricardo Darín.
Dejo al lector la completa libertad de observar el
tráiler, pero recomiendo no tener información alguna sobre la trama, para
disfrutar de las sensaciones que nos ofrece la incertidumbre. Dejarse llevar
por la oleada de sentimientos, y ¿por qué no?, al finalizar la película, tomar
el teléfono y decir a aquellas personas, lo que no nos hemos atrevido a
externar.
Cuatro
largos años tuvieron que pasar para que pudiéramos escuchar un material
discográfico del cantautor de padres ugandeses, pero nacido en Londres, Michael Kiwanuka.
Desde aquel lejano 12 de marzo del 2012, fecha del lanzamiento de su disco
debut Home Again,
no habíamos tenido noticias de este singular personaje. Sin embargo, valió la
pena esta prolongada espera, ya que su nueva producción Love
& Hate, promete volver a impactarnos y estrujarnos con diez temas, y
para muestra basta solo un botón (literal).
De
entrada, nos emociona el lanzamiento de la canción Black
man in a white world, la cual, genera una expectativa somera desde el
nombre. La producción del video es enriquecida con las imágenes poéticas,
monocromáticas y siempre congurentes del director de cortometrajes japonés Hiro Murai,
a quién recientemente vimos dirigir el vídeo musical Take it there
de la banda Massive Attack
y Smooth Sailing de la
agrupación Queens of the Stone
Age. La canción es nostálgica a pesar de sus ritmos que invitan a mover
rítmicamente la cabeza y de ahí todo el cuerpo; como profundidad, nos lleva a un
conflicto íntimo del autor que nos arrastra a la encrucijada de la incomodidad
planteada por el título y la tranquilidad de no deberle nada a nadie. Las
palmas del inicio, nos guían por estilos de Rhythm & Blues
y de esa jungla de cuerdas y sutiles vientos, acompañados de esa característica
voz de blues afroamericana, y por último, pero sin restar importancia, percusiones
progresivas cuasi tribales. A lo
lejos un cuadro coral que va tomando importancia, taladrando en nuestro
inconsciente el título de la canción.
De
esta manera, Kiwanuka de tan sólo 28 años de
edad, nos hace esperar con ansias el lanzamiento del disco completo, programado
para el día 27 de mayo. Por lo pronto ya se puede disfrutar de Black man in a white
world en las plataformas de streaming.
Quizás la muerte de David Bowie me hizo
comenzar este año tan tarde. Digamos que el mood
no es el mismo cuando uno de los grandes se va, pero ya escribiré un pequeño
artículo sobre él y Mayor Tom en
algunos días.
Una canción que suena a rock antiguo y un poco oscuro,
quizás con el descontrol de algunos gritos y guitarras estridentes. El ritmo
nos lleva poco a poco por armonías seductoras, aunque la letra sea
completamente un disparate, la instrumentación y los arreglos en la sección de
cuerdas, terminan por agradar. El vídeo muestra a un Miles
Keane enloquecido con pelo demasiado corto, cantando cerca
del micro y de Alex Turner que en momentos
se muestra bastante sereno a pesar de la situación.
Habrá que escuchar el
material completo, sin embargo, han logrado expectación gracias a la calidad
del anterior disco y de la mezcla de genialidades que le imprime un sonido
especial al tema.
En ocasiones para encontrar talento debemos escarbar un poco. A veces nos persigue la suerte, pero sin duda, emprendiendo la búsqueda y no conformándonos con lo limitado que nos ofrecen la mayoría de los medios masivos de comunicación, llegaremos a ampliar nuestras posibilidades de éxito. Esta columna pretende seducir y profundizar en la creatividad de algunas propuestas musicales que no necesariamente gozan de los reflectores mediáticos. Ojalá nuestra sociedad volteara sedienta de talento, y no de poses, escándalos y banalidad.
Indagando en las bandas emergentes en la ciudad de Guadalajara, fui a dar con este proyecto que ilusiona y enorgullece. Se trata de jóvenes logrando un equilibrio melódico y la construcción de un estilo musical. Al primer contacto sonoro, podría pensarse que se trata de alguna agrupación con varios años de experiencia, y a la altura de propuestas de vanguardia internacional. Después de contactarlos, su sencillez y la actitud que emanan, logran contagiar y captan la atención.
Elliot the Furniture, es una banda surgida de la colonia Ladrón de Guevara en la perla tapatía, posteriormente mudándose, sin abandonar la Zona Metropolitana de Guadalajara, a la bella Zapopan, actualmente afincados en la colonia La Estancia. La primera duda podría resultar muy simple, la nomenclatura. Un sujeto introvertido de semblante poco expresivo y más bien rígido como un mueble, amigo en común de los integrantes de la banda y que en realidad no se llama Elliot, es el personaje que da nombre a la agrupación. La siguiente pregunta que me podría formular es, ¿por qué cantar en el idioma inglés?, inmediatamente me respondo ¿y por qué no?, actualmente los lenguajes pueden resultar una limitante para la expresión, y son sólo una cuestión de forma, no de fondo.
René Garcinen la guitarra, Aldo Quintero tocando el bajo, Gabriel Núñez "Cache" y su batería. Fito Delgado en las guitarras y Andrés en las voces, guitarra y el ukele. Acompañados de Onier Bacallao, trompetista cubano que imprime un diferenciador armónico importante. Su disco debut Wish me luck, fue grabado en el estudio Santo Jalisco, producido por Javo Muñoz y Fito Delgado, quien se uniría a las filas después de esta experiencia.
Hay elementos que atrapan al escucharlos, entre ellos, el respeto en los instrumentos que integran la producción, el cuidado de no sobreponer ninguno de ellos otorga una identidad y autenticidad. Los vientos son una poderosa herramienta que nos sitúa en algún paraje de Jalisco, poniéndole el sello de pertenencia. La combinación de gustos eclécticos, de talentos instrumentales y vocales, la intención de disfrutar el sonido que producen y la honestidad de defender musicalmente un proyecto. Algo así me transmite Elliot the Furniture al escucharlos.
Shine. Canción anti procrastinación y una invitación a salir de la zona de confort. La mezcla de ukelele,trompeta, las notas atmosféricas de guitarra eléctrica y la voz relajada y apacible, hacen de esta canción, una manera convincente de abrir la producción discográfica.
I'm only dreamin'. Percusiones y guitarras amistosas abren a toma en este tema. Me remontó a un momento imaginario acústico de The Smashing Pumpkins. Existe una elegancia creativa en las estructuras de composición. El solo de guitarra en medio de la canción es una dulce sorpresa. La tensión generada al inicio del tema, se resuelve de manera cadenciosa hasta su final.
Ghost of a story. Guitarras rítimicas dan inicio a esta canción que resulta ser bastante pegajosa. La trompeta lejana le da un toque elegante. El final es la mezcla de todos los elementos sin llegar a la saturación.
Make it easier. Un sonido instrumental muy cercano a The Whitest Boy Alive, la limpieza y lo orgánico de las guitarras, la batería llena de platillos y el bajo marcando el ritmo que inmediatamente me transporta a una pasarela de moda. El mensaje podría ser, una súplica de aligerar el proceso de acercamiento.
Wish me luck. Aires dylanianos en este tema. Guitarras acústicas acompañando una voz como de otra época. El coro invadirá tu día, una vez que le escuchas, probablemente no saldrá de tu mente en horas. El bajo que precede al coro es un agasajo musical. La instrumentación en la coda logra situarnos emocionalmente en la temática de la canción, que por más esperanzadora, no deja de ser una despedida.
Nothing's real. Instrumental y letrísticamente, es la canción con mayor complejidad del disco. Las guitarras y el bajo te llevan de la mano por atmósferas nostálgicas. La batería casi marcial aparece y desaparece con displicencia. La trompeta es el clímax de la canción, nos despide dulcemente recordándonos que a pesar del viaje musical, nuestros pies nunca se despegaron de Jalisco. Este track nos deja claro que, Elliot the Furniture es una realidad.
Coming home. Comienza lentamente hasta lograr una secuencia que durará hasta el final. El bajo se luce, y antes de comenzar la voz, ya esta logrado el ensamble delicado. Otro coro que permanecerá en tu inconsciente melódico por horas. El regreso al hogar que todos necesitamos, el buscar la paz de alguna manera. La forma de cerrar este material discográfico habla de la minuciosidad con la que fue ideado. La trompeta combinada a la secuencia bien lograda desde un principio, te hace pensar que siempre estuvo ahí, esperando a emerger y apoderarse de la canción.
Para maridar esta sorpresa auditiva, propongo el democrático Tejuino, bebida tradicional de nuestra Guadalajara y sus alrededores, que nos refresca en esos días de calor y que contiene una imperceptible y reducida medida de alcohol.