¿Qué hacer cuando lo que toca es... morir?, ¿Que pensar cuando el papel que se adopta es el de víctima?. Tantas veces supe el sabor del remordimiento, muchas ocasiones en que el malo era yo. No sé qué hacer, a dónde ir. El instinto de sentirse el estúpido me llama, la puerta fácil del saberse idiota esta frente a mi nariz. El engaño tiene el mismo peso de la mentira, pero cuando se es el receptor... esto se magnifica. Sin embargo, es más cruel el sentimiento de culpa, que el dolor de la bofetada.
lunes, 9 de julio de 2012
domingo, 6 de mayo de 2012
lunes, 9 de abril de 2012
Titingó
Aquella tarde nublada en la que se encontraba solo en el bosque, su vida cambió de manera tan repentina, que no alcanzó nunca a comprenderlo. Oscurecía entre la arbolada y temió no encontrar el camino de regreso. Caminó por la vereda que conocía y sintió alivio al ver las luces que en la lejanía, le anunciaban la cena en la mesa.
El cuerpo comenzó a dar serias señas de cansancio, pero la mente no.
Decidió, al ver que su problema de ubicación y alumbrado visual estaban practicamente resueltos, que podía con facilidad sentarse un poco en aquella roca y brindarle así, un merecido receso a sus piernas que ya avisaban con dolor, el requerimiento de calma.
Tras un momento de soledad y penumbra, no pudo más que llegar a ese punto en el que el ser humano abandona la superficialidad, arroja el traje mundano, se viste de gala y vuela a otras dimensiones, en las que no existe límite alguno: Profundiza, interioriza, introspecciona.
Fue un mar abierto de ideas. No pudo coger a tiempo alguna, no le alcanzó la velocidad de pensamiento para aferrarse a una sóla. Entro en un remolino de axiomas.
Todos aquellos años sin detenerse a pensar, cobraron su eterna factura. Aquel tornado sin fin y él era el centro.
Volaban como papel de colores en carnaval. Ya no había forma de controlar aquella tempestad. Inmovilizado, perplejo por el espectáculo, cuenta no se dio que fue perdiendo toda oportunidad de volver. Los ojos en blanco ahora, sin tensión nerviosa aparente, flácidos los músculos… un cuerpo más, tendido en aquél bosque en penumbra.
Un revoloteo de ideas bastó. Su mente, presa del desastre, sucumbió en pleno epicentro.
Abajo, las luces anunciaban la cena…
sábado, 7 de abril de 2012
Soñaba que soñaba...
Se derramó aquel papel en blanco sobre el piso mágico de los sueños. Cayó, como queriendo detener el tiempo, dejando a su paso una densa estela de calma y armonía. Pudo evitarse, sin embargo, la gran cantidad de lienzos pequeños inmaculados en el suelo brillante, produce la sospecha de desdén y despreocupación.
Sus pies descalzos al pisarles no producen cambio alguno en la blancura del papel. El viento apenas perceptible, los deja recostados sin revolotearles y sin interrupción de su descanso. Pareciera que han estado ahí junto con la edad del cielo, de no ser porque hemos sido testigos del más reciente de los sucesos, podríamos insistir en la longevidad de aquel tapiz.
No ha hecho nada por levantarle. Al alzar la mirada podremos notar que si hubiera paredes también tendrían papel derramado, pero no las hay. Ni techo, ni límite. El suelo con la fragilidad de las hojas, atemoriza con vencerse, pareciere que uno va flotando entre las nubes. Avanzar es un tema difícil aquí, al no existir horizonte visible, se tiene la sensación de ausencia de movilidad. Desolado, agotado, perdido y fastidiado, se derrumba entre las hojas caídas. Párpados pesados y cuerpo sin fuerza alguna hicieron que se rindiera. Durmió.
Al despertar otro papel más caía como del cielo. En él escrito el sueño del que acababa de despertar. Comenzó a levantar cada uno de los papeles en el piso, y narraban de manera fascinante todos los sueños que, durante toda su vida, había tenido. Volteó una vez más hacia el horizonte, y sólo vió papeles en el piso. Riiiiing… riiiiiing… riiiiiiing… abre los ojos, abre los ojos.
domingo, 11 de marzo de 2012
El Jefe...
Después de todos estos años, muchos falsos ídolos, varios ejemplos seductores de libertad y expansión mental, y algunos señuelos de creatividad e intelectualidad, trataron de influirme y convertirme en algo que definitivamente no sucedió... fueron mera tentación pasajera.
Sin embargo tú, con la paciencia de un espectador a lado del camino, con la fortaleza de un libro salvado del mar, y con el amor que te inculcaron esos indígenas sagrados... has estado ahí, guiándome a la espera de mi reconocimiento, protegiéndome sabiendo que tarde o temprano llegaría un día como hoy, en el que no tuviera más remedio que escribir con lágrimas de alegría el fiel testimonio del respeto y admiración que te profeso.
No haré alarde ni mención. No es necesario.
jueves, 8 de marzo de 2012
Día Internacional de la Mujer...
Ojalá que este día no existiera más en nuestro calendario... ojalá que ya no fuera necesario...
martes, 28 de febrero de 2012
¡Prohibido dejar de escribir...!
Hace ya tiempo desde la última nota en este blog... circunstancias que la vida va moldeando en un futuro que a paso agigantado se convierte en mi presente. Hace apenas unos años, era el joven promesa, escribiendo cada momento que marcaba una vida llena de peripecias infantiles, de cuitas juveniles y el intenso despertar de un adulto. Hoy no me siento (afortunadamente) uno más que sucumbe ante la "evolución" humana, que lleva... según los expertos... a la plenitud emocional y mental (mal) llamada madurez.
Escribo sí... porque me gusta. Porque el día de mañana me encantaría que mi progenie leyera reflexiones propias de una persona que, extrañamente en este mundo, gustaba de lanzar misiles como ideas. Escribo para que un día, sin pensarlo siquiera, motive a personas amadas a leer lo que éste pedazo de emoción publica. Escribo pues, con el único afán de releer en un futuro, lo que en mi presente meditaba.
Aclaro que nunca he perseguido el objetivo de trascender con estas líneas, para ello hay otras trincheras, que pretendo atacar en mi plenitud. Sin embargo, la practica hace al maestro y soltar los dedos viene bien de vez en cuando.
Ando por la vida cargando mi libreta de bolsillo y mi pluma por si las musas me secuestran. Pero hasta ahora he sido poco afortunado, ya que escurridizas sólo me coquetean. Colecciono susurros, besos lanzados al aire, guiños, risas y provocaciones; con la esperanza firme de que un día de éstos, me pueda dar el lujo de lanzarme sin miedos, al complicado oficio de escribir las añoranzas de una especie que se acaba.
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